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Los usuarios de nuestro país, según el reporte de la Ocde, pasan nueve horas al día en la pantalla y una hora por día, en promedio, en redes sociales.
Por Amalia Londoño Duque - amalulduque@gmail.com
Desde hace un tiempo mi celular me reporta semanalmente cuántas horas estuve en la pantalla, hay semanas en las que me anuncia que bajó mi promedio de horas, lo hace entre signos de admiración, como un mensaje de felicitación.
Las semanas en las que el promedio de tiempo por día sube, el reporte es escueto. No dice nada más, simplemente anuncia.
La máquina me dice cuánto tiempo estuve pegada a ella y yo medito sobre qué tipo de cosas estuve haciendo ahí tanto tiempo.
En uno de los reportes que publicó la Ocde en 2023, Colombia lideraba la lista de países en los que la gente más tiempo usaba su celular. Los usuarios de nuestro país, según el reporte, pasan nueve horas al día en la pantalla y una hora por día, en promedio, en redes sociales como X, Instagram o Tik Tok.
¡Nueve horas al día! Una hora más que la jornada laboral legal. ¿Qué hacemos tanto tiempo en las redes?
Los usuarios de X, por ejemplo, tuvimos que leer las discusiones entre quienes aseguraban que en las marchas del 1 de mayo no había salido tanta gente y los que aseguraban que habían salido muchos más que los que salieron el 21 de abril. Varios días vimos imágenes de multitudes en diferentes lugares del país, unas completamente descontextualizadas, mal citadas, fotos del 21 que puso el mismo presidente asegurando que eran del 1 de mayo. Tweets borrados, post diseñados por IA con la bandera de Colombia trocada y la cara de la gente desfigurada.
Nos inducen a quedarnos ahí los tweets de un político que postea provocador, las peleas entre quienes se autodenominan intelectuales, las tendencias, las opiniones de seguidores y contrarios.
Recibimos la información fragmentada, perdemos el tiempo en lecturas parciales.
Y de otro lado está TikTok con una cantidad de recomendaciones de tips de belleza o de cómo volverse millonario, memes, burlas y pedacitos de noticias sacados de contexto con la única intención de generar más peleas, de volverse virales, de ser tendencia así sea por lo malo.
En la introducción al último libro de Mariam Rojas Estapé, la psiquiatra dice que “cada vez más, buscamos recompensas inmediatas. Esto está muy relacionado con la degradación cognitiva que sufrimos”.
Su libro, que es una invitación y una guía para recuperar la atención perdida y a reconectar con las cosas que sí son importantes, nos cuenta en un par de capítulos cómo la dopamina, mal gestionada “termina por llevarnos a un malestar incesante”.
Muy parecido a lo que sentimos quienes usamos redes donde se abren debates y conversaciones y en las que últimamente la emoción más generalizada, es esa: el malestar.
¿Cómo salir de ahí para discutir de otra manera? Ansío el día en el que las redes empiecen su caída en picada.
Nos hemos convertido en seres que no dimensionan el valor del tiempo y lo determinante que es la atención.