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Los gobernantes de turno, nacionales, regionales y locales, tratan de sacar provecho político colocándose al lado de los deportistas, cuando ganan, porque consideran que eso produce réditos políticos.
Por ALEJO VARGAS VELÁSQUEZ - vargasvelasquezalejo@gmail.com
Los deportes, especialmente los de práctica colectiva, pero no sólo, tienen la tendencia a ser utilizados como un factor de estímulo y promoción de emociones, no sólo porque son una forma de estimular a los seguidores –fanáticos los denominan algunos-, sino porque igualmente responden a patrones de comportamientos sociales y porque tienden a llenar expectativas de grupos que consideran que en otras manifestaciones de la vida social no se logran. Esto, por supuesto no es negativo, sino que en ocasiones se trata de propiciar formas de comportamiento social que en determinadas circunstancias podrían ser manipuladoras de los mismos. Recordemos, por ser de conocimiento público las denominadas ‘barras bravas’ en el futbol profesional, alrededor de los equipos que compiten en campeonatos nacionales e internacionales; pero ello también está asociado a expresiones de comportamientos culturales.
No hay duda que los eventos deportivos –y esto varía de un país a otro y de una región a otra- no sólo expresan los intereses, inclinaciones y alegrías de los habitantes de un país o una sociedad. Con seguridad en nuestro país es el fútbol, seguido de lejos por el ciclismo, el beisbol, el básquet, el atletismo y otros –con preferencias regionales diferenciadas-, pero en otros países cambia el tipo de deporte y las expresiones.
Por ello creo que es muy importante tener en consideración los temas de la cultura; tenemos la tendencia a ver las competiciones deportivas como rivalidades que por momentos casi se asemejan a enfrentamientos entre bandos en contienda donde finalmente hay ganadores y perdedores con la lógica de ‘enemistades absolutas’ y donde el enfrentamiento es casi una batalla entre enemigos –hay que decir que algunos comunicadores sociales, pocos hay que reconocerlo, tienden a exacerbar esas pasiones, hablan de ‘valientes’, de ‘debiluchos’, todas estas expresiones fuera de tono, porque equivocadamente piensan que si no es así entonces no logran impactar sus audiencias-; pero si además hay casos como el nuestro, pese a que algunos prefieren ‘olvidar’, donde está muy inmersa la idea de que los conflictos se resuelven acudiendo a la violencia, pues es lo que vamos a tener como expresiones de esa supuesta alegría colectiva, tanto en la victoria como en la pérdida.
Además, los gobernantes de turno, nacionales, regionales y locales, tratan de sacar provecho político colocándose al lado de los deportistas, cuando ganan, porque consideran que eso produce réditos políticos, pero en realidad buscando convertir una actividad de diversión, esparcimiento y sana competencia, en una fuente para aumentar la popularidad para una propuesta política o un caudillo. Recordemos los intentos de Hitler en ese sentido con los deportes. Qué lástima haber olvidado esa expresión de viejos promotores del olimpismo deportivo, como Pierre de Coubertin, presidente del COI al clausurar los Juegos Olímpicos de Londres de 1908 “lo importante no es ganar, sino participar” y menos, podemos agregar, restregarle al que pierde, porque alguien debe perder, los efectos negativos de ese hecho.
Ojalá fuéramos capaces de trabajar en cambiar nuestra cultura hacia una de tipo más cooperativa que competitiva y que en paralelo pudieran hacerse cambios también en el tipo de justicia más restaurativa que punitiva. Eso sí sería un gran cambio.