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Es hora de recuperar la “buena política”

La política se ha convertido en un espectáculo grotesco, donde los ciudadanos, en lugar de ser los protagonistas de la democracia, son relegados a simples espectadores.

24 de agosto de 2024
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  • Es hora de recuperar la “buena política”
  • Es hora de recuperar la “buena política”

Por Aldo Civico - @acivico

Colombia es un país atrapado en una campaña electoral interminable, una maldición que carcome la esencia de la política, convirtiéndola en una constante pelea de gallos donde no se disputa el futuro del país, sino el insaciable ego de quienes participan. Es un carnaval de narcisismo, una feria de proyectos personalistas que se alimentan de la vanidad de los ‘likes’. La competencia no es por ideas o soluciones, sino por quién grita más fuerte, quién lanza el insulto más hiriente, quién se hace más visible.” La política se ha convertido en un espectáculo grotesco, donde los ciudadanos, en lugar de ser los protagonistas de la democracia, son relegados a simples espectadores. Es la política degradada a un concurso de X Factor, donde los políticos son figuras de papel maché, efímeras.

Además, las peleas, los gritos, los insultos y la normalización de la mentira, no son más que una cortina de humo para ocultar los almuerzos a puertas cerradas, las conversaciones en susurros, los pactos turbios donde finanzas, economía, medios, benefactores sociales, academia y política se dan la mano, se lanzan guiños cómplices y se respaldan mutuamente. Todos forman parte de esa triste cofradía de acomodados y oportunistas.

No toda la política es así, afortunadamente. Todavía existen, alejados de los círculos sectarios, políticos, gobernantes y funcionarios públicos que ven la política como un servicio. Aun con legítimas ambiciones personales, están enfocados en construir una plataforma de ideas, principios y soluciones que aborden los problemas cotidianos de la gente, soñando con lo imposible para el país. Son aquellos que, ante el grito, eligen escuchar; ante el monólogo, prefieren el diálogo; ante la polarización, optan por el encuentro; y ante el sectarismo, escogen la mediación. Para encontrarlos, hay que agudizar la vista, porque ninguna encuesta los menciona ni los mide. Pero se les reconoce por su incansable labor, por su prioridad en el bien común. No se mezclan con la jet set. Son hormigas trabajadoras.

Al observar a estos políticos y gobernantes, emerge una práctica alternativa de la política; me refiero a la “buena política,” como la llama mi amigo Lorenzo Dellai, un político visionario que durante varios años fue el eficaz gobernador del Trentino Alto-Adige, la región de Italia donde crecí. Dellai define la buena política como el pegamento vital entre las instituciones y la comunidad. “Debemos volver a ‘amar’ la Política; habitarla con nuestros corazones y mentes; respetarla, practicarla, transmitirla como un mensaje de libertad y responsabilidad,” escribe en su libro *Ser Comunidad Autónoma*. Si queremos devolverle a la política su significado original y su nobleza, debemos invertir nuevamente en la buena política, sin la cual no podemos imaginar un futuro positivo para la democracia en Colombia.

La degeneración de la política, a cuyo triste espectáculo asistimos a diario, es también la degeneración de la democracia. El antídoto más eficaz es reaccionar. Una forma de hacerlo es buscar, tal como hizo Diógenes con su linterna, a aquellos políticos que anteponen las ambiciones del país a las suyas propias. Estos políticos existen. Para encontrarlos, debemos salir del matrix de la política como espectáculo y caos.

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