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¡Dejemos de cambiar el mundo!

Aunque proclamemos que el objetivo de nuestras acciones es ayudar a los demás, en realidad terminamos haciéndolo por nosotros mismos.

14 de septiembre de 2024
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  • ¡Dejemos de cambiar el mundo!
  • ¡Dejemos de cambiar el mundo!

Por Aldo Civico - @acivico

¿Es posible transformar la realidad en la que vivimos? Si es así, ¿cuáles son las condiciones necesarias para que suceda? Ananda Giri, un renombrado maestro de espiritualidad de la India, ha entrenado en mindfulness a figuras de gran relevancia como Tony Robbins y Oprah. Tengo el privilegio de contar con él no solo como maestro de meditación desde hace unos años, sino también como amigo. Nos vimos al amanecer del lunes en Miami y, como siempre, cada encuentro con él deja una profunda huella en el alma.

Ananda Giri está liderando varios proyectos de sostenibilidad en cinco aldeas del sur de la India a través de la fundación Lokaa. “La sostenibilidad no depende de la innovación tecnológica”, me dijo mientras compartía su experiencia. “Lo que realmente necesitamos es una evolución de nuestra consciencia”, insistió. Frente a la devastación de los océanos y los procesos de deforestación, nos sentimos motivados a cambiar nuestros hábitos de consumo. Tal vez empezamos a comprar productos reciclables o a usar vehículos eléctricos, pero, según Ananda Giri, esto no es suficiente, ya que sigue siendo un esfuerzo insostenible. “El problema es que nuestra motivación proviene de un sentimiento de vergüenza y culpa por el estado de salud de nuestro planeta”, observó. La motivación no es suficiente, necesitamos inspiración.

Pero, ¿cómo alcanzar la inspiración? “Necesitamos la conexión; todo cambia cuando, al observar la vida de un árbol o una abeja alimentándose del néctar de una flor, sentimos esa conexión con la tierra”, me explicó Ananda Giri. Es decir, nace un vínculo profundo que, en lugar de hacernos sentir seres separados, nos hace sentir parte de una realidad unificada. De este modo, cambia nuestra perspectiva y la calidad de nuestra relación con la naturaleza. De esa consciencia de unidad surge el amor por la tierra, y con él, el deseo de respetarla, cuidarla y sanarla. Porque, al final, al respetar, cuidar y sanar la tierra, también nos respetamos, cuidamos y sanamos a nosotros mismos.

Me quedé reflexionando sobre lo que Ananda Giri me había dicho. Pensé en cuántas veces, incluso gran parte de la filantropía, nace de un sentimiento de culpa o vergüenza, a menudo vinculado a la propia posición socioeconómica. Otras veces, el impulso de cambio surge del resentimiento, el odio o la envidia. Paradójicamente, aunque proclamemos que el objetivo de nuestras acciones es ayudar a los demás, en realidad terminamos haciéndolo por nosotros mismos: para aliviar nuestra culpa, silenciar la vergüenza o dar salida a ese resentimiento acumulado.

Por eso creo que el mayor acto de amor que podemos ofrecerle a la tierra y a la humanidad es dejar de intentar cambiar el mundo y, en su lugar, enfocarnos en elevar nuestros niveles de consciencia. Solo así podremos conectarnos con nosotros mismos —nuestra esencia más profunda— y relacionarnos con los demás de manera genuina. De este modo, bajaríamos del pedestal moral desde el que solemos juzgar y dejaríamos de decirles a los demás cómo deben vivir. Reconoceríamos, en cambio, nuestra propia necesidad de sanación. Marcaríamos nuestro entorno con huellas de humildad, sencillez y compasión, y nos transformaríamos en seres inspirados

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