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Maldiciones urbi et orbi

Petro se cree con la potestad de Papa negro para maldecir urbi et orbi a todos los oligarcas por esclavistas y a los negros que se atreven a ser conservadores.

04 de septiembre de 2024
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  • Maldiciones urbi et orbi

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

¿Hasta cuándo durará la estrategia de Petro de defenderse, atacando? Porque ante la investigación en el Consejo Electoral, avalada en la competencia que le reconoció el Consejo de Estado para investigar su campaña presidencial por delitos electorales, vuelve con la cantaleta de que se está fraguando un “golpe de Estado”.

Como prólogo a su vaticinio de terror institucional, en el Chocó atacó a las periodistas que discrepan de su gestión, calificándolas de “muñecas de la mafia”. Y para extender sus agravios, se cree con la potestad de Papa negro para maldecir urbi et orbi a todos los oligarcas por esclavistas y a los negros que se atreven a ser conservadores. Dispara con el frenesí de hombre desesperado, moviéndose con frases deshilachadas e incongruentes.

Antes de las vaciadas consuetudinarias había logrado un pacto –¿o acaso un chantaje?– con los banqueros para desembolsar $55 billones que estimulen algunos frentes productivos. Con ese acuerdo se evitaría imponerle a la banca las inversiones forzosas en actividades económicas salidas del caletre presidencial. Horas después desató una polémica con su idea de emitir dinero para poder pagar los 300 billones de pesos -equivalente a más del 50% del presupuesto nacional– que, según la Procuraduría, adeuda el Estado colombiano a las víctimas del conflicto armado.

Se equivoca de cabo a rabo planteando esa emisión, no solo tóxica para la lucha contra la inflación, sino perjudicial como mensaje a la comunidad financiera internacional, a las agencias calificadoras de riesgo y a los inversionistas foráneos. Ya la fuga del ahorro privado colombiano hacia el exterior, según Portafolio, va disparada en más del 80% frente al año 2023. La incertidumbre ha sido su mejor acicate. En contraste, en igual período de tiempo, la inversión extranjera, cifras del Banco de la República, baja en más de 1.300 millones de dólares.

De activar esa explosión inflacionaria, manipulando a su antojo el aguacero monetario, compraría Colombia, matrícula para entrar en el exclusivo y poco honroso club de países que, como Venezuela, y antes Argentina, han sido ejemplos de hiperinflación, derroche, improvisación. Afortunadamente, el Banco de la República, según mandato constitucional, es autónomo en sus decisiones económicas. No solo maneja la política cambiaria, crediticia, monetaria, sino que tiene la obligación perentoria de “velar por el mantenimiento de la capacidad adquisitiva de la moneda”.

Además, tan absurda propuesta, sería ponerle una suculenta y apetecible torta a los ratones que merodean por la casona presidencial, dejando tan solo las sobras para reparar a quienes fueron víctimas de la violencia de la subversión, y también del Estado, en todas sus modalidades.Para tranquilidad de los colombianos que aún no asimilan los sobresaltos causados por el populista, la decisión de poner en acción la maquinita del Banco Emisor para imprimir billetes no es tan fácil.

Debe adoptarla su junta directiva por unanimidad, siempre que no encuentre Petro algún resquicio jurídico para amañar la norma y retorcerle el pescuezo a la Carta. Y con ella presionar a algunos de sus miembros, compadres o ahijados, que están dentro del catecismo petrista para crear el caos.

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