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Leguleyos e impostores

Es bueno recordar que hace poco más de 70 años estaba el país político con la misma fiebre constituyente. El gobierno hegemónico de Laureano Gómez quería armar su propia Carta. Lo logró y se le devolvió como un boomerang.

10 de julio de 2024
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  • Leguleyos e impostores

Por ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZ - opinion@elcolombiano.com.co

Se valió Petro del nuevo como contradictorio ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, para insistir en la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente. Y como para que el alboroto no fuera más extravagante, adornó el embeleco con el no promover la reelección presidencial.

Además, se comprometió, previo a la convocatoria de la Constituyente, a lograr la construcción de un gran Acuerdo Nacional, “bajo el marco normativo de la actual Constitución”. Si bien pocos meses antes Cristo repudiaba la Constituyente, ahora, sin pudor alguno, debió cambiar de parecer porque, de lo contrario, no iba a aparecer en la foto. A la propuesta le salieron al quite las altas cortes, lo que vaticina su entierro de tercera.

Consideran que la carta actual es suficiente para regir los destinos del país y que aún existen disposiciones que no han sido capaces de hacer cumplir y desarrollar los legisladores, como la de descentralización y autonomías regionales. Todos los expresidentes, con excepción de Samper, atacaron la propuesta.

La defendió un exvicepresidente, Germán Vargas, en una posición comprensible, dado su afán de oxigenarse después de sus consecutivos fracasos electorales, motivados en buena parte por los coscorrones, método para revivir la época feudal de amos y siervos.

Es bueno recordar que hace poco más de 70 años estaba el país político con la misma fiebre constituyente. El gobierno hegemónico de Laureano Gómez quería armar su propia Carta. Lo logró y esa misma corporación, una vez instalada, se le devolvió como un boomerang al confirmar como jefe de Estado a quien derrocó a Gómez, el general/dictador Rojas Pinilla. Lecciones que da la historia.

En medio de la polémica de aquella Constituyente de los años 50, la voz de Gilberto Alzate Avendaño se levantó para hacer una cáustica radiografía del fetichismo leguleyista colombiano de creer que con más normas se encuentra la cura para todos los males nacionales:

“A Colombia no le faltan más estatutos, tenemos superproducción de textos legales. Los hay a porrillo para cualquier evento. Se llega a extremos de anticiparse a los acontecimientos. Cuando estalló la bomba en Hiroshima y Nagasaki, unos parlamentarios propusieron que la Nación se reservara los yacimientos de uranio para producir la energía nuclear. Entonces se supo que desde 1919 existía una ley que atribuía al Estado el dominio y explotación de las sustancias radioactivas... El país está atiborrado hasta el tope de incisos y parágrafos. Desde la Patria Boba, con ese gusto por las formas externas del derecho, no hacemos más que producir leyes en serie y cortarle al Estado trajes a la medida. Pero pronto tales formas van al desván de los trastos inútiles... Son apenas fórmula y rito con que se distraen jurisperitos y letrados...”.

Si Alzate resucitara y viera hoy la comedia constitucional animada por tantos picapleitos e impostores, volvería a morir. Pero de la risa...P.D.: Hoy hace 80 años fracasó un golpe militar contra Alfonso López Pumarejo. El único golpe militar que prosperó en el siglo XX fue contra Laureano Gómez, hace 71 años.

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