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Busco un hombre

Petro sabe para dónde va, qué quiere y cuáles instrumentos utiliza para cumplir con su cometido revolucionario. Quiere a toda costa cambiar las instituciones.

26 de junio de 2024
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  • Busco un hombre
  • Busco un hombre

Por ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZ - opinion@elcolombiano.com.co

¿Las provocaciones diarias de Petro son improvisadas? Lo dudamos. Sus mismas fanfarronadas –ondear la bandera del M-19 en la puerta del Palacio de Justicia y meter en una urna de cristal el sombrero de Carlos Pizarro para la veneración nacional– son capítulos del libreto extravagante que desarrolla para excitar el país. Faltó en el Acuerdo de Paz con las Farc meter la toalla de Tirofijo y las gafas negras de Santrich, para completar los nuevos símbolos patrios.

Con acciones provocadoras, que exacerban y dividen, incumple como Jefe de Estado la norma constitucional de velar por el mantenimiento de la unidad nacional. ¿Inicio de violación de la Carta Fundamental? Además, con su afán de “descriminalizar” la protesta social, intimida a la institucionalidad y al inerme ciudadano, deslegitimando la acción de la fuerza del Estado frente al salvajismo. Es la evidencia del minucioso seguimiento del Foro de Sao Paulo, fuente en donde beben las extremas izquierdas latinoamericanas.

Quizás en algunos casos improvise como experto provocador para ver cuál es la reacción de la opinión pública. Pero la mayoría de las veces sigue con su inocultable pugnacidad, retando como lo hace al dejar regados en el pavimento a 65 generales, muchos de ellos curtidos en las batallas contra las fuerzas subversivas.

Petro sabe para dónde va, qué quiere y cuáles instrumentos utiliza para cumplir con su cometido revolucionario. Quiere a toda costa cambiar las instituciones. No le sirve la división de poderes, que garantiza la vigencia del Estado de Derecho. En su ADN está el totalitarismo, en contravía de la democracia. Promueve el furor de las bases populares a través de cabildos abiertos y asambleas vociferantes para llegar al Estado de opinión, e imponerlo sobre el Estado de Derecho. Halaga al pueblo haciéndolo soñar que con su protagonismo de constituyente primario no solo le dará origen a ese Estado populista, sino paso a las reformas que sueña imponer a troche y moche, así carezca de recursos financieros y fiscales para concretarlas. Supone que en las masas encontrará la base para dar los golpes contundentes a la institucionalidad. Su poder constituyente sería para expedir una nueva Carta Magna, y con ella colocar una plataforma nacida del populismo y gobernar a su antojo. En su prepotencia, su capricho es el de encarnar y ejercer el “derecho divino de los reyes”.

Insiste en manipular el Congreso. El que fue sagaz parlamentario haciendo debates de opositor, estima ahora para justificar la intrépida acción, que el Parlamento solo sirve si obedece sumisamente al presidente y no aquel que ejerce el control político con eficiencia y rigurosidad. Solo lo que salga de su sesera es dogma. No tolera la contradicción y menos el libre examen. La mermelada es su tentación.

“Busco un hombre”, decía hace más de dos mil años en las calles de Atenas un filósofo griego. Busco un hombre, se repetía en la España desvertebrada de 1936. Busco un hombre preparado, serio, digno, que convoque y no divida: es lo que implora Colombia, como alternativa real de poder para el 2026.

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