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El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, enfrenta una creciente presión para lograr un acuerdo de liberación de los rehenes en Gaza.
La presión sobre el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, alcanzó niveles críticos en medio de la crisis de los rehenes capturados por el grupo islamista Hamás en Gaza.
La muerte de seis de los rehenes, anunciada el domingo, ha intensificado las demandas tanto a nivel nacional como internacional para que el gobierno israelí logre un acuerdo de liberación. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, acusó a Netanyahu de no hacer lo suficiente para resolver la situación, lo que ha complicado aún más el panorama político y diplomático.
En una inusual rueda de prensa, Netanyahu se disculpó públicamente con las familias de los rehenes fallecidos, cuyos cuerpos fueron hallados y enterrados en Israel el domingo y lunes. “Les pido perdón por no haberlos traído vivos. Estuvimos cerca, pero no lo conseguimos”, declaró el primer ministro. Netanyahu prometió que Hamás “pagará un precio muy alto” por lo sucedido, intensificando su retórica contra el grupo militante.
La muerte de los rehenes desencadenó una ola de protestas en Israel, con miles de personas saliendo a las calles y convocando una huelga general. La confederación sindical Histadrut lideró la movilización, que buscó aumentar la presión sobre el gobierno para alcanzar un acuerdo con Hamás.
En la huelga participaron diversas ciudades, aunque la respuesta fue recibida de formas diferentes. Mientras Tel Aviv y Haifa se sumaron al paro, Jerusalén y Ascalón no lo hicieron.
El tribunal de trabajo, a solicitud del ministro de Finanzas ultraderechista Bezalel Smotrich, ordenó la suspensión de la huelga al considerarla “política” y no vinculada a motivos económicos o derechos de los trabajadores.
El conflicto en Gaza, que estalló el 7 de octubre tras un ataque de Hamás que dejó 1.205 muertos en Israel y el secuestro de 251 personas, ha desencadenado una serie de represalias devastadoras. Israel ha lanzado una vasta ofensiva que ha dejado más de 40.800 muertos en Gaza, según el Ministerio de Salud de la Franja. De los 251 secuestrados, 33 han muerto y 97 siguen en cautiverio, de acuerdo con el ejército israelí.
Estados Unidos ha intensificado su presión sobre Israel. En una declaración contundente, el presidente Biden respondió con negativa cuando se le preguntó si Netanyahu estaba haciendo lo suficiente para conseguir un acuerdo de liberación de rehenes. “No”, fue la dura y tajante respuesta de Biden a la pregunta.
Esta crítica subraya la creciente tensión entre el aliado estadounidense y el gobierno israelí en el contexto de la crisis, que junto con Egipto y Catar, lleva meses presionando para que se produzca un intercambio de rehenes y prisioneros y un alto el fuego en la guerra en Gaza.
Uno de los principales puntos de desacuerdo sigue siendo el mantenimiento de tropas israelíes en el corredor Filadelfia, una zona estratégica en la frontera entre Egipto y Gaza. Hamás exige la retirada total de las fuerzas israelíes del territorio palestino, lo que complica aún más las negociaciones.
Mientras tanto, el gobierno británico también ha intervenido, anunciando la suspensión de 30 de las 350 licencias de exportación de armas a Israel. El gobierno británico citó un “claro riesgo” de que las armas pudieran ser usadas en violación del derecho humanitario internacional. El ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, expresó su decepción por las sanciones impuestas, calificando la decisión como una medida desfavorable en medio de la crisis.
La situación en Gaza sigue siendo extremadamente tensa, con un claro aumento en la presión internacional y nacional sobre el Gobierno israelí para resolver la crisis de los rehenes.